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Ficción Literaria – En Un Fin De Semana… Capítulo 3 – Oscuridad y Silencio

May 12, 2008

Para seguir el orden de esta historia…

Lea Intro
Lea Capítulo 1: El Comienzo
Lea Capítulo 2: Al Fin Tierra Firme

 

 

 -No perdamos más el tiempo aquí recuperando el aliento. Vamos al apartamento de mi viejo y una vez allí con el pestillo puesto, entonces estaremos seguros. – Nos dijo Gabo con voz entrecortada.

Habían pasado unos cinco minutos desde que cerramos la puerta. Cada uno de nosotros abrazaba a su pareja correspondiente en un intento fútil de aparentar protección, cuando la realidad del caso es que todos estábamos perplejamente confundidos. La oscuridad del lugar reinaba y hacia que el angosto recibidor se viera más tenebroso de lo que realmente era. Solo una luz tenue entraba por los tragaluces postrados encima de la puerta. Había cerca de una docena de ellos, colocados en línea horizontal, permitiéndonos vernos los rostros y el perfil de los escalones. Originalmente Gabo nos incitó a tomar velocidad y subir al apartamento de sus padres, pero yo le pedí unos minutos más para recuperar el aire antes de empinarme a subir escaleras.

Recostado contra la puerta, intenté encender la luz de la lámpara que colgaba del techo trastocando el interruptor a mi derecha, pero nada sucedía. Era aparente que no había electricidad corriendo y por eliminación nos tocaría subir al apartamento de Gabo por las escaleras. Claro está, siendo su familia tan comemierda, el apartamento tenía que ser el del último piso. Creo que lo más importante era estar agradecidos de que el lugar solo tenía cinco niveles.

En fila india, comenzamos a subir los escalones y fue entonces cuando nos percatamos de algo que al adentrarnos en el edificio no prestamos atención. Quizás porque veníamos corriendo y estábamos hiperventilados, o quizás porque el miedo todavía se apoderaba de todos nuestros sentidos. La realidad del caso es que ahora, estábamos sintiendo un aroma un poco desagradable. Una mezcla de sangre abombada con desperdicios humanos. No hay que ver ninguna película de horror, para saber que tras ver lo que acabamos de ver, y luego sentir ese aroma, algo no podía andar bien. Ignacio nos hizo señas de quedarnos donde estábamos mientras el bajaba los nueve o diez escalones que ya habíamos subido nosotros. Buscó así superficialmente en el recibidor, moviéndose de lado a lado tratando, asumía yo, de encontrar algo que pudiera servirnos de defensa. En una esquina encontró una pequeña mesa de no más de tres pies de alta, con un soporte en el medio y cuatro pequeñas patas sosteniéndola. Acto seguido tomó la mesa por el tronco del medio y golpeó las patas de la mesa contra el suelo. Demás está decir que en un lugar tan cerrado el ruido reverberó y cada cantazo hacía ecos que chocaban entre sí. A mí no me parecía prudente que hiciera tanto ruido sin nosotros saber que nos esperaba al subir las escaleras. Trate de llamarlo para que se detuviera pero tampoco quería gritar, y con el ruido de los golpes jamás iba a escuchar mis suspiros.

Al cabo de cinco o seis golpes, había logrado su aparente cometido. Había separado las cuatro patas de la mesa y entonces entendí su meta. Al subir nuevamente las escaleras, nos dio dos patas a mí y dos a Gabo y el se fue alante del grupo usando el resto de la mesa como escudo. Debo admitir que su rápido pensar fue brillante, aun considerando el que si nos encontrábamos algo en el camino, quizás el mismo fue quien le alertó de nuestra presencia. Es por eso que nadie dijo nada cuando tomó la delantera del grupo.

Nivel tras nivel, íbamos subiendo despacio, tratando de no hacer mucho ruido entre escalones para poder escuchar si alguien bajaba las escaleras para confrontarnos. En adición, el olor cada vez se hacía más fuerte, como un sopetón en la cara o como la mierda esa que te dan a oler cuando se desmaya uno, solo que esta daba ganas de vomitar. El hecho de que el olor se hacía cada vez más fuerte y no escuchábamos ningún ruido me hizo pensar que probablemente lo que nos esperaba era un muerto o quizás varios en proceso de descomposición.

-Gente, quédense aquí. – murmuré mientras trataba de que todos pegaran las cabezas para no tener que gritar. – Ya estamos en el piso cuatro. Déjenme subir con Ignacio y su súper escudo y asegurarnos de que no nos espere ninguna sorpresa. En caso de que tengamos que correr hace más sentidos que haya espacio entre nosotros para que no nos atropellemos. Estén listos para cualquier cosa.

Con eso dicho, Gabo se puso al frente de ellas en dirección hacia nosotros y le dio una de las patas de madera a Lilly que era la última en la fila para que se volteara del otro lado y vigilara si alguien fuera a venir. Demás está decir que ella no era ninguna brava y que estaba tan repleta de miedo como las demás chicas, pero asumió su posición y aunque la visibilidad era prácticamente nula ya en este piso, podía ver al menos unos siete u ocho escalones enfrente de ella, hasta el nivel intermedio entre pisos.

Ignacio y yo seguíamos subiendo, con un poco más de velocidad y preparados para lo peor. Ya estábamos en el último descanso antes del último set de escalones que daba a la puerta con llave del quinto piso del complejo de apartamentos. Cuando doblamos a la izquierda para empezar a subir los últimos quince escalones el olor era más directo y podía sentir algo resbaladizo entre las pisadas. Era bastante difícil distinguir, pero sabía que agua no era. El tener la mesa como escudo limitaba un poco la visión hacia delante. Cuando dimos el último paso y estábamos ya en el pasillo frente a la puerta no había que buscar para encontrar de donde venía la peste. Justo en la esquina había un cuerpo en proceso de descomposición. Yo no soy médico forense ni nada por el estilo, pero ese cuerpo tenía que llevar ahí a lo menos un par de días. El arrastre de sangre venía desde la puerta pero solo a la parte del suelo frente a esta. La perilla no parecía estar manchada con sangre aun húmeda. Si había seca o no eso no podía distinguirlo con esta falta de luz. Apenas podíamos vernos las caras a tres pies de distancia y lo demás era solo siluetas. Siluetas de una puerta, siluetas de las escaleras, siluetas de un cuerpo con una peste macabra. Mi instinto me decía que había algo raro en todo esto, pero estaba más enfatizado en sentarme a descansar los pies que en hacer preguntas inquisitivas del medioambiente.

-Ok, suban pero les recomiendo que se tapen la nariz y cuando estén a punto de llegar a donde estamos, recomendaría que se tapen los ojos.

Acto seguido el resto del grupo empezó a subir las escaleras. Llegaron al intermedio entre el piso cuarto y quinto y cuando empezaron a subir las escaleras recordé el emplegoste de lo que asumía era sangre y recordé el hecho de que les dije que se taparan los ojos.

-Tengan cuidado que no se vayan a resba… – grite pero ya era muy tarde.

-¡Puñeta! – Gritó Gabo mientras su quijada chocaba contra la punta del escalón. Su sangre empezó a salir desmesuradamente mezclándose con la viscosidad de los escalones.

-Primero el cabrón aquel me araña y ahora me resbalo en la puta escalera. Hay que fuckin joderse. Avancen y suban y vamos a entrar de una vez. Que bueno que mi viejo es médico porque le voy a dar pa’bajo al kit médico ese.

Con la mano en la barbilla tratando de aguantar la sangre de seguir escapándosele, subió con prisa el restante de los escalones junto con las chicas. Lo ví tratar de abrir la puerta y hacer fuerza en dirección a él y ver como la puerta no respondía. Entonces recordé que el muy hijo de puta no tenía llaves del portón.

-¿Dime una cosa cabrón, tampoco tienes llaves para abrir esta puerta verdad? ¿Vamos a tener que quedarnos aquí con el putrefacto este? -Le dije con un aire medio molesto

-No, te dije que no tenía las llaves, pero también te dije que no es la primera vez. No pierdas la fe Otten.

Comenzó a caminar en dirección al muerto cerca de la pared perpendicular a la pared donde estaba la puerta y la baranda que mira hacia abajo y el espiral simétrico de escalones. En la baranda que era de madera y seguía todo el camino hasta el comienzo de las escaleras en el primer piso, había un hueco en la parte de abajo, por donde se adentraba un soporte de hierro que era el que conectaba con el resto de la pared. Gabo parecía estar metiendo los dedos entre medio y sacó algo de allí.

-Siempre hay que tener guardada una llavecita, para esas ocasiones de borracheras.

Acto seguido se dirigió a la puerta y puso la llave en la cerradura. Mientras él se tomaba su tiempo, todos acá estábamos al borde del vómito. Marissa no se pudo aguantar mucho y pocos segundos después, pude escuchar el sonido de su desayuno cayendo escaleras abajo mientras Sofía le sujetaba el pelo.

Gabo pudo abrir la puerta y todos entramos al pasillo de un sopetón dejando la puerta cerrarse a nuestras espaldas y escuchando el sonido del aire al dejarnos encerrados al vacio en completa oscuridad.

-¿Y ahora cual es el plan, señor residente? Le dijo Sofía a su novio en tono sarcástico.

-Ahora, ustedes bajan el moco y se quedan ahí. Este pasillo tiene cuatro apartamentos. Dos a la izquierda y dos a la derecha. El de mis viejos es el segundo a mano izquierda. Déjenme llegar hasta allí con la llave, que si Otten, abre también la puerta del apartamento y una vez abierta debe entrar algo de claridad para dirigirles el camino.

Acto seguido, Gabo comenzó su caminata a oscuras, dejándose llevar por la pared, hasta sentir la diferencia entre pared y puerta. El olor aquí dentro era más de humedad que de sangre pero todavía se podía oler algo de desagrado. Estábamos todos parados allí esperando literalmente la iluminación de nuestro camino. Al cabo de un minuto o dos, Gabo estaba girando la perilla de la puerta y un golpe de luz entro en el pasillo dándonos a entender el porqué del olor a humedad. Un rastro de sangre en dirección a la puerta había sido tratado de limpiar de manera poco satisfactoria. El resultado fue una mezcla de agua con sangre en un lugar sin ventilación.

Mientras caminábamos a la puerta lo único que pensábamos era en descansar y en despejar la mente un rato. Cuando entramos por la puerta un despavorido Gabo nos recibió con un ejemplar de El Nuevo Día en las manos que leía “Puerto Rico Sucumbe al Caos: Cientos de miles ¿enfermos?”.

Lo próximo que paso por mi mente fue algo que no puedo entender porque no lo pensé antes…

¿y mi familia?

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