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Ficción Literaria – En Un Fin De Semana… Capítulo 4 – Asimilando El Deshauce

Para seguir el orden de esta historia…

Lea Intro
Lea Capítulo 1: El Comienzo
Lea Capítulo 2: Al Fin Tierra Firme
Lea Capítulo 3: Oscuridad Y Silencio

 

“…en lo que aparenta ser el ataque de un virus, los puertorriqueños han estado corriendo por sus vidas para evitar contagiarse.  La gente ha empezado a alienarse de familiares y conocidos por miedo a ser contagiados clausurando puertas y ventanas…”

“…se cree que el virus comenzó en las áreas aledañas al distrito de Mayagüez en la zona oeste de la isla, y ha estado esparciéndose a gran velocidad por toda la isla de forma linear. pero no hay mucha información sobre como comenzó..”

“…algunos de los síntomas reportados hasta el momento son vómito de sangre, desgarre de ligamentos, exposición de la hipodermis y alto grado de demencia.  Han llegado a nuestro centro de redacción llamadas anónimas del Centro Médico de Río Piedras asegurando que han visto casos donde algunos de los enfermos tienen la sangre coagulada, confundiendo más a los médicos sobre la condición real de estos pacientes ya que no hay nada de esto documentado en catálogo alguno de enfermedades…”

“…en la calle los motines son la orden del día, ley marcial ha sido declarada y totalmente ignorada por la escasez de policías disponibles para proteger y servir.  La conducta errática de las personas enfermas se ha vuelto cada vez más violenta y se han documentado casos de enfermos atacando a personas sanas, sin razón alguna…”

“…el departamento de seguridad nacional de los Estados Unidos ha cerrado los bordes y comunicaciones entrantes y/o salientes de la isla y prohibido la salida por avión o bote, manteniendo una cuarentena militar a fuerza de helicópteros armados y estacionados en las islas adyacentes de Mona y Culebra…”

“…el pueblo solo compara este terrible escenario con películas de terror y asustados utilizan una sola palabra que el gobierno se rehúsa a aceptar como la explicación… ¡zombies!…”

Mientras mis ojos saltaban entre párrafos de aquellas noticias que cubrían gran cantidad de las páginas del periódico, entendía que esto no era ningún simulacro ni caso ajeno.  Sobre todo porque no habían páginas de anuncios entre las noticias y ese periódico no sabía desaprovechar una oportunidad para vendernos alguna mierda.

Solté el periódico para caer en cuenta de mi situación actual.  Estábamos todos aturdidos y no teníamos en realidad el tiempo para desperdiciarlo.  En la cocina Sofía ayudaba a su novio Gabo con la cortadura de su barbilla, poniéndole una toallita, mojada en agua, con presión en la barbilla para curarle la herida que tenía.  Minutos antes le había puesto un poco de alcohol para evitar infección.  No importa la situación, siempre es un poco gracioso ver un hombre adulto llorando mientras le curan una herida.  Sofía estaba husmeando en el bolso de primeros auxilios y encontró unas gazas y tape para pegarle y aguantar la sangre.  También había una aguja e hilo para coser pero ninguno de nosotros estaba capacitado para suturar una herida, aparte que el cobarde de Gabo le tenía miedo a las agujas.  Cualquiera diría que esta situación le abría puesto en perspectiva sus fobias personales pero tal parece que no.  Al otro lado de la sala, Ignacio miraba por la ventana, tratando de ver no se qué ya que estaban cubiertas con paneles de aluminio, de los que se usan en época de huracanes.  Solo podía ver por unas diminutas franjas entre planchas.  Quizás buscaba el humo de los restos de su avión, quizás miraba a ver si había alguien en algún otro edificio de apartamentos adyacente, quizás buscaba a alguno otro de esos que nos recibieron tan acaloradamente.  Marissa, se había acostado en el sofá, justo a mi lado con un ataque de migraña.  Le di un par de advils que me había conseguido Lilly y una toalla húmeda ya que no había hielo, por no haber electricidad.

Mi cabeza analítica, empezó ahora a trazar nuestros pasos desde la llegada.  Como compilando los eventos ocurridos en cámara lenta, para asegurarme que ningún detalle se me haya escapado.  Eran ya las tres de la tarde y este lunes parecía no tener final.  Me era imposible asimilar que hace apenas cuatro horas estaba durmiendo en la arena de un paraíso y ahora estoy corriendo por mi vida.  De momento un detalle me vino a la mente como si hubiese caído entre medio de mi recuento del día.  El cuerpo en el pasillo.  ¿Cómo llegó allí? Y luego el pasillo del piso en el que estábamos con una peste abombada y marcas de sangre.  Como si algo hubiese sido arrastrado hasta afuera.  Mis ojos se abrieron y mi primer instinto fue mirar la puerta del apartamento.  No tenía el cerrojo puesto.

Lentamente me dirigí a ella y le puse el cerrojo de la perilla y la cadena de arriba.  Acto seguido volteé mi espalda descansándola en la puerta y di un suspiro.  Todos los demás me miraban con cara de perdidos.

-No estamos solos.  Hay alguien más en este piso.

 Las caras de perdidas cambiaron a miedo nuevamente.

-Gabo, ¿quiénes más viven en este piso? – pregunto Ignacio desde la ventana.

-Yo no los conozco.  Sé que mis viejos sí, pero la realidad es que no se.  Solo sé que son cuatro apartamentos por piso.

-¿Y tu papa no tiene algún arma? – le pregunté a Gabo mientras me acercaba a la cocina donde él estaba para buscar mi tan deseada cerveza en el refrigerador vuelto calentador por falta de electricidad.

-Mi papa no cree en eso.  Una vez un tío me compro un rifle de balines y me lo botó.  Jamás lo he visto con un arma de fuego en la mano.

-Pero tu mamá tiene un pote de mace en la mesa de noche. – Afirmó Lilly  mientras Gabo le daba una mirada interrogante. – ¿Qué? Estaba buscando las advils para darle a Marissa y lo ví en la gaveta.

-Bueno, los cantos de madera estos tendrán que seguir sirviendo para algo.  ¿Hay otra entrada al piso además de la puerta por donde entramos y los elevadores Gabo? – le pregunté.

-Negativo.  Eso es todo.  Un lado escaleras, otro lado elevador.  Dos apartamentos a la izquierda, dos a la derecha.

 -Bien.  Gabo me pareció ver una linterna debajo del lavamanos.  ¿Puedes verificar que tenga baterías y funcione?

-¿Qué tu estas tramando Otten? – pregunto una mareada Marissa, levantándose a media cintura del sofá mirándome con cara de saber lo que estaba pensando.

-Sí, prende, pero no veo que tenga mucha fuerza.  Quizás dura un ratito.  ¿Por qué?

-Tú y yo vamos a ir apartamento por apartamento a ver si todavía queda alguien aquí.  Nos llevamos las dos patas de madera, el mace y la linterna.  Ignacio se queda en el pasillo frente a la puerta del tuyo en caso de necesitar refuerzos y una de las chicas puede estar pendiente a la otra puerta asegurándose que no vaya a entrar nadie.  Quizás tu Lilly que estas más cerca a la puerta.

 -¿Y nosotras que se supone que hagamos? – cuestionaron Sofía y Marissa.

-Ustedes – interrumpió Ignacio – puede ir buscando algunos bultos, buscando cosas que podamos llevarnos, agua, toallas, medicinas, etc.  No sabemos cuánto tiempo vamos a permanecer aquí ó si tenemos que salir corriendo.

-Así mismo es.  Bueno listo.  Vamos a asegurarnos que este piso esté vacío.

-Honey, tu eres el experto en películas de terror.  ¿De verdad crees que ir a aventurar en la oscuridad es la mejor movida? – me dijo una asustada Marissa.

-No lo es mi vida, pero es eso ó imaginarnos que estamos solos.  Además, todavía tenemos que pensar que vamos a hacer.  Yo no se si ustedes han internalizado el asunto que tenemos en manos pero, no esperen a la caballería que venga a rescatarnos al final, ni imaginen que esto se acaba al despertarse por la mañana.  Estamos viviendo una pesadilla y todavía no hemos empezado a ver los horrores.  Honestamente les recomendaría que se preparen para ver cosas peores de las que ya hemos visto.

-¿Pero por qué tenemos que ver cosas peores? Este lugar parece bastante seguro. – dijo Sofía desde la barra mientras se servía un trago de cuba libre.

-¿Ustedes ven suficiente comida en esa alacena como para todos nosotros por más de un par de días? ¡Gracias, Buenas Noches!

Dicho esto me encaminé al pasillo exterior.  Gabo iba detrás de mi con la linterna apagada para ahorrar las baterías lo más que pudiéramos.  El primer apartamento que visitamos fue el de al frente.  Al alumbrar la puerta con la linterna vimos como algo hacía un reflejo en el borde del marco de la puerta cerca de la esquina superior izquierda.  Enterrada casi completa, se veía la cabeza de una llave no muy bien escondida.  Estaba un tanto apretada y me tomó unos segundos poder sacarla del espacio entre la pared y el marco pero lo logré.  Acto seguido inserté la llave en la perilla.  Con la tenue luz de la linterna pudimos ver como la perilla de la puerta giraba completa y la puerta abría sin hacer mucho ruido.  Había un olor a guardado, que daba la impresión de que esa puerta no se abría hacia un buen tiempo.  Una vez dentro, con la linterna encendida, empezamos a mirar todo el apartamento.  Entrando por la sala, mirando bajo los muebles y detrás de cortinas.  Caminamos por la cocina, y miramos dentro de los gabinetes y las gavetas y la nevera.  Fuimos a los cuartos y a los baños, asegurándonos de que no había nada, ni nadie y mucho menos rasgos de sangre o de haber arrastrado algún cuerpo. 

Una vez recorrido el cuarto completo, le avisamos a Ignacio para que enviara a dos de las chicas y sacara toda la comida enlatada de acá y las llevaran al apartamento de Gabo.  Nosotros empezamos a caminar hacia el final de pasillo donde estaban los dos restantes apartamentos. 

 Cuando llegamos, nos encontramos con el elevador justo en frente con la puerta cerrada.  Al depender totalmente de luces falsas, era obvio que la oscuridad fuera absoluta en el pasillo.  Yo seguía con mi presentimiento de que no estábamos solos en este edificio.  A nuestra izquierda la puerta del apartamento 5C estaba maltratada y llena de sangre seca según podíamos ver con la limitada luz que la linterna proveía.  Definitivamente el cuerpo que estaba en las escaleras, al otro lado de la puerta, fue arrastrado desde ese cuarto.

Era momento de entrar al cuarto y comprobar que no hubiese nadie más.  Pero, fuera quien fuera, no podría estar enfermo.  Tenía que ser alguien como nosotros, de lo contrario, ¿para qué molestarse en sacar el cuerpo e intentar echar agua para limpiar el piso? Y así seguí racionalizando conmigo mismo en silencio mientras nuestros pasos llegaban a la puerta del apartamento.

Al abrir la puerta y entrar, el olor a podrido era evidente.  El piso estaba bastante resbaladizo y viscoso a la vez.  A unos cuantos pies de distancia comencé a escuchar un sonido que no podía descifrar pero era algo agudo.  Nos detuvimos en donde estábamos al sentir el ruido acercarse.  Nos miramos a los ojos con cara de asustados y levantamos nuestras customizadas herramientas de defensa en posición de ataque para lo que fuera.  El sonido ahora era más como un chirrido desesperado que se acercaba hasta que de momento se detuvo.  Con la linterna Gabo trataba de localizar lo que estaba haciendo tal sonido y entonces lo vimos.  Encima del sofá de aquella putrefacta sala, justo al frente nuestro al nivel del ombligo, una enorme rata nos estudiaba como nosotros haciamos con ella.  En cuestión de segundos la maldita se abalanzó contra nosotros.  La muy asquerosa parecía que no comía hacía tiempo porque por lo general estas suelen huirle a los humanos a menos que se sintieran arrinconadas.  El brinco fue suficiente para llegar a donde estábamos.  Con sus pequeñas uñas se enganchó a la camisa de Gabo que gritaba como loca “¡quítamela!, ¡quítamela!”.  Antes de que la muy maldita pudiera morderlo, le di un buen batazo hacia la pared que nos quedaba en diagonal, tirando hacia las ventanas, al otro lado de la entrada del apartamento.  Fue en ese preciso momento que nos dimos cuenta que no estábamos solos en aquel apartamento.

-¡Suelta eso!.  ¡Suéltalo!.  A mí no me van a coger, ¿Entienden? Malditos, a mi no me van a coger. – escuchamos de una voz que sonaba entrecortada y entre respiraciones profundas. 

Sonaba a la voz de un hombre pero la escasez de luz no nos permitía ver quien era.  Mi primer instinto era pensar que Ignacio nos trataba de jugar una broma, pero luego el olor del individuo nos dio a pensar de que esta era la persona que buscábamos.  La que sacó el cuerpo a las escaleras, la que trató de limpiar el pasillo y ahora la que nos esta apuntando con una pistola apuntando directamente a la parte de atras de mi cabeza.

-Señor, no sé quien usted cree que somos, pero nosotros acabamos de…

-No me van a engañar.  Ya yo he visto de lo que son capaces.  No se me acerquen.  Los voy a sacar de su miseria. – seguía hablando el hombre de manera desesperada y agitada no dejándome terminar mi oración.

La punta de la pistola, la cual estaba rozándome la parte de atrás de la cabeza se alejó, justo después de escuchar un sonido seco que sonó a un golpe.  El sonido de algo caer al suelo fue lo siguiente, seguido por un par de palabras de una voz conocida.

-Que bueno que uno se quedó atrás por si las moscas, ¿no? – dijo un confiado Ignacio luego de haber alcanzado a nuestro súbito enemigo con un golpe en la cabeza que lo dejó inconciente.

-Gabo, usa la linterna.  Quiero ver si es uno de ellos o si lo mordieron o si esta herido más allá del golpe que recien Ignacio le propició.  Quizás lo reconoces.

La débil linterna pegada al rostro del hombre mostraba una barba de varios días sin afeitar, un rostro bastante sucio con manchas de sangre seca en sus cachetes.  Su ropa se veía maltratada, sucia y con olores bastante intoxicantes y no de la buena manera.

– Y bien, ¿lo puedes identificar? – le pregunté a Gabo con bastante inquietud.  – ¿Sabés quién es?

Gabo se tardó unos segundos en contestar hasta que finalmente, con la luz directamente sobre el rostro del hombre y después de dar un suspiro nos dijo:

-Sí se quien es.  Es mi viejo.

 

Pronto: Capítulo 5: Confrontación

  1. Mai
    August 26, 2008 at 4:50 am

    EI!!!! ESTO ES UN CUENTO?! ESTÁS ESCRIBIENDO UN CUENTO Y NO ME LO HAS DICHO?!?!!?

  1. June 24, 2008 at 10:29 pm

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