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Ficción Literaria – ¿Se Supone Que Fuera Yo?

¡Brooooooooooooooooooooom!

Así tronó la motocicleta que se deslizaba por la carretera frente al apartamento de mi amigo Fran y se detuvo frente al semáforo para taladrar nuestros tímpanos con semejante estruendo. La sala conectaba con una pequeña terraza y una puerta corrediza era lo único que las separaba. El ruido de la calle penetraba el espacio e irrumpía nuestro alrededor con o sin invitación. La vista hacia fuera no era nada del otro mundo.

Otros apartamentos justo al frente, vista la autopista a un extremo y el polvoriento proceso de construcción de un estacionamiento multipisos hacia el otro lado. En la sala nos encontrábamos Fran y yo discutiendo sobre quien había perdido mejores oportunidades en la vida. Es que hay veces que uno le gusta darse fuete. Yo soy fiel creyente de que a los humanos nos encanta la autoflagelación, sobretodo cuando infiere al rompimiento virtual de un órgano tan intocable como lo es el corazón. Con el tiempo he aprendido que al que no le gusta el caldo, le dan dos tazas ya que nada nunca es lo que parece ser. El mundo siempre está girando por ende hay cosas que se repetirán en nuestra vida, pero claro no cabe duda alguna que no serán las experiencias buenas las que se repitan. El caso es que luego de varias cervezas me da con comentarle una de mis patéticas historias de segundo lugar.

[Carlos] – Bueno, yo creo que te gano. Yo ya no creo en el destino, pero una vez ese hijo de su madre me dio una oportunidad muy buena, y aun es el día en que no se si la perdí por moronidad, o porque así se suponía.

[Fran] – ¿A ver? Contame la historia pelotudo.

[Carlos] – Pero es bastante larga.

[Fran] – No jodas, Decime, decime. Esperá, dejame buscar otra cerveza. Ok, continúa ahora.

[Carlos] – Estaba en el verano antes de mi tercer año de universidad. La vida era tan tediosa, como era el calor del verano sobre la espalda de mi coche, ya que yo apenas salía de la casa de mis padres. Mis amistades o vivían lejos, o no me moría por compartir con ellos. Bueno tu me conoces y sabes lo ermitaño que soy. El caso es que una tarde de un jueves de poca concurrencia, suena el teléfono y un amigo de la infancia de mi padre nos visita. Yo doy cara, por eso de no ser totalmente antipático, no que pueda hacer maravillas, y curiosamente escucho como le cuenta a mi padre que su hija va de intercambio para mi universidad. Por supuesto me imaginé lo que esto significaba. “Oye Carlitos, ¿tu crees que tu la puedas ir a buscar al aeropuerto, y enseñarle los alrededores en lo que ella se acostumbra?”. Que remedió. ¿Podía decir que no? Bueno quizás si, pero que demonios, dije que no había problema. Irónicamente yo no tenía ningún tipo de transportación por allá.

El famoso día llegó y yo cumplí mi palabra y fui a buscar a la muchacha al aeropuerto. Recluté a Marcos, mi mejor amigo de aquel entonces que tenía una camioneta donde cabían tres personas apretadas como quenepas guaretas dentro de la cáscara. Mi amigo era un buitre de cuatro pares y mejor conocido entre nosotros sus panas como Doolittle. Esa historia la cuento más adelante.

El avión se atrasó y por el aburrimiento decidimos ir a la puerta de salida a esperarla. Luego de treinta minutos empezó la gente a salir por la puerta y la reconocí. Hacían muchos años que no la veía pero pude identificarla entre el tumulto de personas. La saludé con un abrazo de esos que parece significar más de lo que realmente significa y un “¿Cómo estuvo el vuelo?”. Luego de ayudarla con las maletas y bajar las largas escaleras eléctricas hacia el área de reclamación de equipaje ella me comenta lo siguiente.

[Karen] – Carlitos, mira, dos muchachas vinieron conmigo de intercambio, están en el mismo vuelo, pero hasta la parte de atrás. Ya mismo bajan. ¿Tú crees que se puedan ir con nosotros?
Yo fui tan simpático como me lo permitía el hambre que tenía y le dije la verdad. Lamentablemente el carro tenía espacio para tres personas. Ella entendió y me dijo que se lo dejaría saber a las muchachas cuando bajaran. Mi amigo que estaba a mi lado tenía una cara que no dejaba a la imaginación sus ganas de largarse. En eso mi amiga hace un comentario.

[Karen] – ¡Mira! Por ahí vienen bajando.

Cual típica película de romance universitaria, ambos rostros, el de Marcos y el mío, se voltearon en cámara lenta hacia las escalinatas eléctricas. Yo no soy muy fanático de eso de Amor a primera vista, pero en esta ocasión, tengo que afirmar que tanto mí querido amigo Marcos, como este servidor quedamos flechados por el hijo de puta de cupido. Y eso que el maricón se adelantó porque estábamos en pleno agosto.

Las dos muchachas eran similares más aun así eran bastante diferente entre sí, ya que una sola captó la vista de nosotros dos. La que venía primero era una muchacha bajita, de tez blanca y pelo negro, se veía bastante simpática, pero definitivamente no era mi tipo. Su nombre era Laura. La segunda era como sacada de una revista de modelos. Esbelta e inmaculada con pelo negro carbón, a nivel de sus orejas. Sus ojos eran grandes, no se si para verme mejor, pero si sacados del cuento de la caperucita roja. Su sonrisa fue lo primero que cautivó. Tan llena de inocencia, ternura, emoción, incertidumbre y anhelos que de verla, imaginabas que la conocías ya de hacia mucho tiempo. Su nombre era Delia. En este preciso momento, era cuando odiaba a mi amigo por no tener un auto más grande, pero que le íbamos a hacer. Les conseguimos un taxi, y le dimos instrucciones a este de seguirnos. Las llevamos a su complejo de dormitorios ya que todas vivían cerca y mi amigo y yo nos retiramos. Ninguno dijo una sola palabra sobre la conquista que nos proponíamos ambos. Nada aparte de un par de “coño se ven bien” y un “definitivamente”. En ese momento ni me imaginaba que el podría estar maquinando lo mismo que yo, pero el tenía la ventaja. El era el de la transportación. En esos días tener un carro, no importa que la carrocería tuviera mas moho que el Sputnik en sus últimos días, lo era todo.

Esa noche hablé con mi amiga Karen un rato y luego llamé a Laura y Delia para ver si todo andaba bien y si necesitaban algo, etc. En otras palabras la famosa llamada de cortesía de un buitre vigilando su presa. Al otro día nos vimos en la Universidad y compartimos un rato entre los cinco. Las clases aun no empezaban, así que pasamos el rato hablando, conociéndonos y dándoles un pequeño paseo por las inmediaciones de la Universidad. Tomando en cuenta que esta era una Estatal y que era tan grande como los cuernos de Dayanara Torres, el paseo turístico duró hasta horas de la tarde donde cada cual cansado de tanto andar decidió irse a sus respectivos hogares.

Como a eso de las nueve de la noche me da con ir a casa de Marcos. Este y yo vivíamos tan cerca el uno del otro que si yo abría mi ventana y gritaba Marco, no tardaba mucho el condenao en gritarme Polo. Si, el hombre era un payaso infernal, éramos muy buenos amigos. Se nos ocurrió ir a comprar un par de cervezas e invitar a nuestras nuevas amigas a su casa, que era un apartamento de 2do piso, con vista a la piscina del complejo de apartamentos. Nuestras intenciones no eran malas, simplemente compartir y que fuera lo que Dios quisiera. Mi amiga Karen, fue la primera que se rajó me dijo que mejor nos encontrábamos al otro día ella y yo en la universidad y almorzábamos. Me pareció bien. Entonces quedaba convencer a las otras chicas de que viniesen. Fuimos a visitarlas a su dormitorio con media hora de tiempo para visitas nada más. Hablamos un rato y después de relajar y utilizar nuestro poder de convencimiento, logramos que estas accedieran.

Las siguientes horas fueron interesantes, por así decirlo. Pusimos música, hablamos, y bebimos como universitarios en apogeo que claramente éramos. Tuve un tiempo hablando con Laura conociéndola más a fondo y dándome cuenta que era media manipuladora y controladora. Esta luego de un par de tragos se acostó y quedó dormida el resto de la noche. Luego Delia y yo conversamos en la terraza y mentiría si dijera que no sentí una conexión. Sentí algo. No estoy diciendo que fue amor, pero por primera vez en mucho tiempo me sentía afín.

Eran cerca de las tres de la mañana y mis ojos no aguantaban más. Mi amigo muy cortésmente me ofreció algún pedazo de la alfombra de la sala y me dejo escoger el pedazo el muy maricón. Pero mi casa estaba a solo un par de pies de distancia y tomé la decisión de irme a dormir a mi propia cama. Me despedí de Delia y de Marcos y al darme cuenta que ambos estaban también medios dormidos, pues no me sentí mal ni nada. Asumí que se irían a dormir y seguiríamos con el jangueo en la mañana. Eh aquí amigo mío uno de los momentos en mi historia personal que desearía poder rehacer.

[Fran] – O sea, ¿Qué este es el pináculo de tu historia che?

[Carlos] – Para nada. En lo que a mi concierne en ese momento todo andaba perfecto. Había tenido una conversación muy buena con Delia y todo iba viento en popa. Al otro día a eso de las doce del mediodía me encontré con mi amiga Karen en el centro de estudiantes. Almorzamos y decidimos ir a mi apartamento un rato. Ya eran cerca de las dos de la tarde cuando llegamos y no hicimos más que entrar por la puerta cuando suena el teléfono. Este sonó como nunca antes. Quizás porque el timbre que le había puesto era nuevo, pero eso no viene al caso. Cuando lo levanto era Delia.

[Delia] – Carlitos, es Delia. Mira Marcos esta en el hospital. Tuvo unaccidente esta mañana al llevarnos al dormitorio y recién nos llamaron deallá. ¿Qué hacemos?

Mi expresión facial es una que nunca olvidaré. Primordialmente porque en ese momento pasaba frente a un espejo, pero secundariamente porque nada concordaba. Si hacia un par de horas atrás estábamos todos intentando estar ebrios en su casa y con ojos soñolientos. ¿Cómo rayos de ahí se llega a un accidente automovilístico? Estaba un poco nervioso por mi amigo, y más aún por el hecho de no tener carro. Encontré paz en donde no tenía y tomé el control de la situación.

Llamé un taxi y junto a Karen fuimos a los dormitorios en la Universidad a buscar a Delia y Laura. Luego seguimos rumbo al hospital. Nos dividimos el pago de este entre los cuatro y resulto en menos de cinco dólares por persona.

Al llegar al hospital, milagrosamente nos dejaron entrar a los cuatro a la vez. Ahí estaba Marcos, tirado en la cama con par de ligeras cortaduras en la frente y el brazo pero aparte de eso sano. Una molestia en la espalda según el era lo más que le molestaba pero el médico le dijo que podía marcharse ese mismo día a su casa. Mientras el médico salió para buscar los papeles para darlo de alta, Marcos nos contó el incidente. Mientras el cruzaba un semáforo en un cruce de cuatro calles, una anciana de sesenta y tantos años se comió la luz roja viajando a unas setenta millas por hora y lo impactó por el lado del pasajero. Su camioneta dio cerca de cuatro vueltas antes de terminar arrastrándose varios metros adelante. A su paso dejaba una lluvia de chispas tras la fricción entre el vehículo y la brea. Es un milagro que estuviera con vida y mucho más así de saludable.

Sentí algo raro en la habitación. Lo notaba mirando mucho a Delia y ella como que lo miraba de re ojo pero nada concreto pasó por mi mente. En ese momento un amigo de trabajo de Marcos llega y se presenta con nosotros. Después de ver que el muy hijo de su madre estaba bien, ofreció llevarnos a todos a nuestras respectivas casas, pero como su carro era pequeño tendría que ser en dos viajes. Así que decidimos que llevaría primero a las chicas y luego Marcos y yo. Caminamos juntos hacia la salida y nos despedimos de las chicas. Primero de Karen y luego laura y luego Delia. Un abrazo y un “hablamos orita” fue mi línea y Marcos siguió una similar. Solo que su última despedida no fue tan concisa. ¿Conoces ese sentimiento de recién conocer una persona? ¿La emoción que sientes? Es tan exhilarante, es tan increíble. Sientes que tu pecho quiere explotar, te sonrojas de mirarte en el espejo y ver que tu rostro no muestra la misma cara de agriao de siempre. Empiezas la búsqueda de canciones que tengan que ver con tu situación actual y si no las hay, las inventas. Así me sentía yo. Esas eran las sensaciones que provocaba en mí esta muchacha recién conocida. Imagínate como me sentí al verla despedirse de Marcos con un tierno beso en los labios.

[Fran] – Mierda. Pero que bárbaro. ¿El pelotudo te la quitó la noche antes?

[Carlos] – No te adelantes a los sucesos jodió argentino indocumentado. Ahí estábamos. Todos con la quijada por el área donde termina el elástico de las medias. Si las vacas volaran y fueran tan concurrentes como las palomas, en ese momento hubiese estado en problemas. Trate de disimular, total que iba a saber ella lo que yo sentía. Había perdido la competencia. Había ocupado el segundo lugar nuevamente. “Y el co-piloto de hoy es Carlos” retumbaba en mi cabeza cual jingle de publicidad. Demás esta decir que el periodo de treinta minutos de espera para que nos buscaran fue bastante largo. Llegó el momento que Marcos me preguntó que si me pasaba algo. No recuerdo haberle contestado, y mucho menos mirarle a la cara. Acaso, ¿no soy humano? La primera reacción en una situación como esa es ira. Y en mi caso la segunda y la tercera también…jejeje.

Los siguientes dos meses fueron raros. Aunque compartimos en grupo y súbitamente nos convertimos en el sabor del mes (a esto me refiero a que todos querían ir a janguear con nosotros), ligeramente comencé a aislarme. Marcos creo que se dio cuenta, ya que no le contestaba tanto las llamadas, y pasaba menos por su casa. Aunque, no creo, si total, pasaba todo su tiempo libre con Delia. Cuando compartía con ellos siempre era el tercero, y ese lugar si que esta cabrón.

Recuerdo una fiesta en casa de un amigo en común. Era un viernes en la noche y yo llegue temprano. Comencé a beber whisky en las rocas como buena imitación de macho y ya al cuarto palo estaba ido. Cogí una guitarra que había en una esquina y empecé a tocar. Y así pasé la mayor parte de la noche. Al cabo de un par de horas llegaron, cual pareja presidencial y admirada por todos. Los socios habían llegado a la fiesta y mi noche se aguaba como whiskey en las rocas bajo el sol candente del mediodía. Ellos, completamente ambiguos a mis sentimientos trataban de compartir conmigo, pero yo estaba ido. Yo estaba molesto, pero no con ellos, sino conmigo mismo. Marcos me siguió esa noche a cada rincón del apartamento tratando de darme conversación. Yo lo ignoraba como traidor a nuestra amistad. Yo era el traidor.
Una semana después de esa fiesta el fue a mi apartamento cabiz bajo y en un leve ataque de depresión. Lo atendí por pena, y porque me cogió con la luz prendía y ya era tarde para apagarla. Se sentó en el sofá y me comentó que había roto con Delia. Que estaba confundido y no sabia que hacer. Además me confesó que después de par de días de haber roto, estuvo con una muchacha que conoció en el centro de estudiantes. Como lo odié en ese momento. El pasándoselas como maní en un juego de béisbol y yo ansiando a Delia como coca cola en el desierto de mi playa abandonada. Me confesó el muy truhán que sus sentimientos hacia ella eran reales más no sabia que hacer. Te digo, mi vida es una maldita película. ¿A qué no sabes que es lo próximo que me pregunta Marcos?

[Fran] – No se. ¿Que embarazó a la otra?

[Carlos] – ¿En una semana? Pero ¿Qué tu crees que ellos son, moscas fruteras? No hombre no. El muy desgraciadazo me pregunta por mi opinión. En otras palabras, puso el futuro de su relación con la mujer de la cual me había enamorado en mis manos. Es en momentos como ese en los que desearía fuera un cabrón de la vida y pensar en mí primero. Pero ambos sabemos que no es así y no pensé en mí y le recomendé volver con ella. Le dije algo como “…Si tu corazón te dice que vayas tras ella, no pierdas la oportunidad…”. Y así lo hicieron.

[Fran] – Y, ¿tú la olvidaste tan así como así? Imposible.

[Carlos] – Lo que sucede es que al llegar las navidades todos volvimos a Puerto Rico y aunque compartimos de cuando en vez en grupo, ellos estuvieron por su lado y yo por el mío. Fue en esos días que encontré a una mujer que me hizo sentir especial por mucho tiempo. Quizás podría decir que tuve un romance algo particular con ella y suprimió cualquier sentimiento aparte de amistad que sintiera por Delia. Claro la historia no queda ahí sino que se complica un poco más.

El tiempo pasó y Marcos, Delia y yo volvimos a ser un trío inseparable. Mi rol como tercero siempre permaneció incómodo pero aprendí a compartir con ellos y no dejar que me molestara, además ya no la veía igual, o al menos eso pensaba. Entonces sucedió lo inesperado. Cuatro años de historia, cuatro años de conocernos y lo que sucedió entonces aun me parece algo insólito.

Era una fría noche de verano. Delia estaba de vacaciones por la gran manzana y me pidió que por favor la buscara al aeropuerto. Me estuvo raro el hecho de que me lo pidiera a mí y no a su novio. Me explicó que tuvieron una especie de pelea ya que el andaba medio raro. Entonces recordé una salida que tuve con el una semana antes. No lo veía hacían meses y decidí faltar al trabajo y compartir con mi amigo. Estábamos cerca del Viejo San Juan cuando el apaga el radio y me dice lo siguiente:

[Marcos] – Carli, no se que hacer mano. Tengo tantas cosas en la cabeza y yo la quiero pero estoy por allá estudiando y ella por acá
trabajando, no la veo nunca. Una relación de teléfono, bueno no tengo que decirte a ti que no funcionan, tú lo sabes mejor que yo. El caso es que…hay nada no me hagas caso estoy hablando sandeces.

Como que trate de atar los cabos pero en realidad todo aun estaba muy esparcido, además eran cuatro años de relación. Al fin llega Delia y aparecí en el aeropuerto justo a tiempo. Le dí un abrazo y un beso y entre chistes y relajos comenzamos el viaje a su casa. La noté un poco seria y pensante y no quería decirme nada. Entonces decidió empezar a hablar.

[Delia] – Me llamó el socio. Me dijo que perdonara que no me vino a buscar, pero que es que tenia tantas cosas en la cabeza que si que se
yo y por ahí siguió. Creo que nos dejamos Carli. Me dejó. Por teléfono me dejó. No puede ser, yo no se que…

En ese momento habíamos llegado a su casa. Las lágrimas parecían estudiantes cohibidos llegando a la escuela en su primer día de clases. Poco a poco fueron cayendo por su rostro y su cuerpo temblaba como si la temperatura estuviera en los 40 grados Fahrenheit. Mi corazón se partió como el de ella y en ese momento me sentí triste por ella. Porque su ilusión se deshizo. Porque su castillo cedió ante los temblores de la inestabilidad emocional de otra persona. Porque la soledad le tocaba a su puerta con tales bríos que entró como dueña y señora. A mi ya la soledad no me maltrata. Al contrario, en mis peores momentos es esta la que me entretiene y me aleja de la locura. Es que te digo, yo debí haber nacido en un monte en Montana.
La abracé con fuerzas y le seque las pocas lágrimas que extirpó de sus grandes ojos. Le otorgué un beso en la mejilla y con toda veracidad le dije “yo siempre voy a estar aquí”. Con eso la encaminé hasta su puerta, le ayude con el equipaje y seguí rumbo a mi casa, consternado con el suceso que había presenciado.

[Fran] – Una pregunta boludo, ¿De esto va ya cuanto?

[Carlos] – Bueno, de este final tan abrupto van cerca de siete meses. ¿Por que?

[Fran] – Espera mamón, que estoy atando cabos como tú haces. ¿Y esta Delia es la misma que ha asistido a todas nuestras presentaciones? ¿Con la que te has tomado mil fotos? ¿Con la que tu rostro cambia de color cuando estas con ella? ¿Con la que dejas de ser un escorbuto por un par de minutos para prestarle toda tu atención a ella? Y mira que hay testigos así que cuidado con tu respuesta.

[Carlos] – ¿Qué demonios tu insinúas?

[Fran] – ¿No es obvio? Que tú aun tienes sentimientos por ella y que subconscientemente has estado pensando en ella todos estos meses. Tu la ansias. Tienes esa mirada de extrañarla sin haberla tenido, que todos podemos ver menos tú.

[Carlos] – Si, cuéntame ahora una de extraterrestres. Déjate de bicherias loco. Ella y yo tenemos increíble dinámica, envidiable comunicación y somos tan buenos amigos que nos entendemos siempre. Pero no leas demasiado en eso. ¿Y que es eso de testigos? ¿Qué charreria es esa?

[Fran] – Lo que oís pelotudo. Que no soy el único que piensa igual. Te puedo dar una lista de casi veinte personas que piensan que ustedes son la pareja perfecta.

[Carlos] – ¿Y a mí que? Ustedes piensen lo que quieran pero lo que no entienden es que ella es la ex novia de uno de mis mejores amigos. Además el sabía lo que yo sentí una vez por ella. ¿Cómo se vería que después de cuatro año me viniera a conectar con ella?

[Fran] – ¿Y a quién le importa más que a ti eso? Vos sabes que a nadie, so paranoico. Con todo el significado de la palabra, tu si gozas de ser un infeliz. Esta bien, esta bien…vos ganas. Eres más patético que yo. ¿Es que no podes ver? Se supone que fueras tu ¿Entendes? Desde el principio se supone que tú fueras. Por huevón desaprovechaste una oportunidad y te atrasaste un par de años. Además no es como que estabas en tu casa esperando a la próxima oportunidad. Este es el momento que vos esperabas ya que desperdiciaste la primera vez.

[Carlos] – El problema esta en que, yo no se Fran. Primero no se que pueda sentir ella por mí. Y peor aun, no defino los sentimientos que tengo por ella. Y de esa forma no me voy a aventurar al vacío sin saber si tiene fondo. Además, hay que sabes tu baboso. Déjate de estar inventando ideitas a ver que me sacas. ¿Sabes Que? Me retiro. Necesito estar solo.

[Fran] – Pero como te vas a ir boludo, si yo te traje en mi coche. Anda esperate a que pare de llover.

[Carlos] – Nah, prefiero caminar. Ahí te hablo luego.

Yo no vivía tan lejos de Fran, así que caminar unos veinte minutos me eran indiferentes. Además, eso de caminar bajo un aguacero me parecía bastante a tono con el día y el tema recién discutido con mi amigo. Me parece haber visto el menudo en mis bolsillos salir surfeando de mi pantalón por el exceso de agua en mi ropa. Siendo yo una de las personas más indecisas de creo yo las últimas tres generaciones de mi familia, solo segundo detrás de mi primo que no sabia si salir o no del closet, y creo que aun lo esta debatiendo. En fin, como era de esperarse el sobre análisis personal no se hizo esperar. Cuantas preguntas aparecieron de sopetón. ¿Acaso tendrían razón todas estas personas? ¿Acaso no he sabido concentrar mis fuerzas hacía la dirección correcta? ¿Acaso he sido tan obviamente ciego que he buscado por todos lados, excepto a mi lado, donde esta ella, desde hace tanto tiempo? Entonces, ¿Se supone que fuera yo? En ese momento mi cuerpo se exaltó y dio un brinco cual descarga electrizante. Pero no por que llegué a alguna conclusión magnífica, sino que cayó un rayo tan estruendoso que me organizó los pensamientos. Tenía que salir de la duda. Aunque fuera todo en vano, aunque se molestara, aunque me odiara por romper la confianza de nuestra amistad, tenía que averiguar si ella estaba tan confundida como yo. Si ella sentía las mismas dudas e interrogantes.
Al llegar a mi casa, me monté en mi carro, y me dirigí a la de ella. Eran ya cerca de las seis de la tarde y el sol se ponía en su típica posición nocturna, arropándose lentamente con su manto oceánico y diciendo adiós por un par de horas. Las nubes entonaban distintos colores entre rosa, naranja y gris. Parecía la paleta de algún pintor, dejada al alcance de sus hijos para jugar y estos la descabronaban. Me detuve y antes de bajarme del carro y lo pensé nuevamente.

Para ser sincero lo pensé un par de veces. Como ventisca de otoño, salí por la puerta y me paré en su portal con los ojos cerrados, cual niño el día de navidad, bajando las escaleras de la mano de sus padres para encontrarse la sorpresa de los regalos. No tuve que tocar. Ella miró por la rendija, y abrió la puerta.

[Delia] – Carli, pero ¿qué rayos te pasó? ¿Por qué estas tan mojado?

[Carlos] – Larga historia linda. ¿Estas ocupada?

[Delia] – No, estaba viendo la tv. Entra, deja buscarte una toalla.
Mientras me secaba el pelo y exprimía la camisa en el fregadero, ella me miraba con su mirada perdida, y sus ojos grandes como radares detectando la presencia de algo atormentándome. Me senté junto a ella en el sofá. Tenía listo lo que le iba a decir. Lo había corrido mil veces en mi cabeza, estaba tan planchado como la ropa para del trabajo para el lunes. En eso ella interrumpe mi silencio.

[Delia] – Tengo algo que contarte.

[Carlos] – Este… Ok, yo también, así que avanza.

[Delia] – Ayer estaba viendo unas fotos viejas, de cuando la universidad y mientras miraba mis fotos me daba cuenta que mi estadía por allá, fue siempre de principio a fin rodeada de Marcos. Y al ver las fotos, no siento ningún tipo de emoción, ni sensación. No sabia si estar triste o contenta de que al fin ya lo superé.

[Carlos] – Chica eso es parte del proceso. Es como sacártelo del sistema inmediato. Ya veras que llegará el día en que no te afectará tanto. Oye, por cierto, que milagro que tu sacaste las fotos. ¿A quién se las enseñabas?
Un corto silencio interrumpido por una risa nerviosa prosiguió de parte de ella.

[Carlos] – ¿Delia? ¿Hay alguien más?

[Delia] – Chico es que no se. Esta este muchacho, tu lo conoces. El que es capitán de bote. Pues el y yo somos amigos nada más, pero como que he estado pasando mucho tiempo con el y aunque no quiero enamorarme, tengo miedo de que pase. Hay Dios, no se que hacer. Es que el es menor que yo también, y…pues. Hay Carli, dime tú. ¿Qué hago?

Se me hace un poco difícil recordar si reí porque me dio risa, o por nervioso y tratar de disimular o si fue una risa de coraje, o si fue una de resignación. Definitivamente había recibido dos tazas del mismo caldo, por distintos chef.
Increíble que ambos terminaran pidiéndome consejo siempre. ¿Se supone que eso me haga sentir bien o como persona de confianza? Entonces se supone que aquí fuera que yo diera el cambio de ciento ochenta grados y dijera “no, no es para ti. Olvídalo, y mira a tu lado. Ese sí. Ese sí te quiere”. Es bastante obvio el internar que no fue lo que sucedió. Los cobardes no somos cobardes por bravos, sino por miedosos. Porque esa incertidumbre que odio a veces es tan dulce como la gelatina con fruta. Es un reloj que se tongonea de izquierda a derecha hipnotizándome y evitando ser el héroe del día.

Con un esfuerzo bastante grande la mire, sonreí y le dije:

[Carlos] – Si tu corazón te dice que vayas tras el, no pierdas la oportunidad.

[Delia] – Gracias Carli. Tú eres un éxito. ¿Que yo haría sin ti en mi vida, amiguito?

[Carlos] – Posiblemente lo mismo que yo sin ti. Pero hay que seguir viviendo aunque cueste al respirar. Bueno, creo que me voy. Te hablo después.

[Delia] – Oye, ¿y tu no venias a contarme algo?

Con un respiro tan profundo como las aguas del Atlántico me volteé. Con una mano abrí la puerta mientras mi rostro se volteaba hacia donde ella.

[Carlos] – Nada, no te preocupes. No es de importancia.

Y me marché como soldado rumbo a la guerra, con la cara de tristeza, y la duda aun sembrada por dentro. Hay cosas que supongo no están hechas para ser descubiertas. Creo que alguna señal interpreté erróneamente ya que nunca fui yo. Aunque todo esto si tiene que haber pasado por alguna razón. Quizás sucedió para que si existiera algo escrito del cobarde.

¡Fin!

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FINAL ALTERNO:

Comentario del escritor: Seguramente se estarán preguntando ¿Por qué un final alterno? De seguro eso estará corriendo por la mente de algunos. Bueno explico algo sobre esto. En la vida hay amores que nunca, pueden consagrarse. Ok, ya dejo los relajitos. Lo que sucede es que yo soy una persona que no se dar un paso sin balancear las consecuencias buenas y malas de este. Por ende cuando imagino un final tengo que imaginarlo de las dos posibilidades por las cuales podría terminar. Claro a veces varía un poco pero los resultados siempre van a ser dos. En este caso uno de los dos es real. El otro fue producto de mi imaginación. Claro, no está en mí decirles cual es cual. Solo les diré que la imaginación y el amor son como el jamón y el queso. No tendrás un buen emparedado si falta uno. Los dejo con el segundo final.

…Yo no vivía tan lejos de Fran, así que caminar unos veinte minutos me eran indiferentes. Además, eso de caminar bajo un aguacero me parecía bastante a tono con el día y el tema recién discutido con mi amigo. Me parece haber visto el menudo en mis bolsillos salir surfeando de mi pantalón por el exceso de agua en mi ropa. Siendo yo una de las personas más indecisas de creo yo las últimas tres generaciones de mi familia, solo segundo detrás de mi primo que no sabia si salir o no del closet, y creo que aun lo esta debatiendo. En fin, como era de esperarse el sobre análisis personal no se hizo esperar. Cuantas preguntas aparecieron de sopetón. ¿Acaso tendrían razón todas estas personas? ¿Acaso no he sabido concentrar mis fuerzas hacía la dirección correcta? ¿Acaso he sido tan obviamente ciego que he buscado por todos lados, excepto a mi lado, donde esta ella, desde hace tanto tiempo? Entonces, ¿Se supone que fuera yo? En ese momento mi cuerpo se exaltó y dio un brinco cual descarga electrizante. Pero no por que llegué a alguna conclusión magnífica, sino que cayó un rayo tan estruendoso que me organizó los pensamientos. Yo no tenía nada que buscar con ella. Tenía que aceptar que era mi amiga y nada más. Que sí era posible que toda esa gente estuviera equivocada y yo en lo correcto.

Me detuve en el 7-11 que estaba por mi casa. La muchacha que trabajaba allí me miró mal ya que le estaba mojando el piso y minutos antes lo había mapeado ó al menos eso deduje por el letrerito amarillo que dice “piso mojado”. Compré un paquete de chicles y un sexteto de cervezas. Mientras pagaba la cajera me dijo “¿Desea cooperar con los niños de síndrome down? Es solo un pesito y luego coge esta tarjetita y la pega ahí en la pared con las otras y pone lo que quiera. Ande, no sea maceta”. Después de semejante poder de convencimiento, no tuve más remedio que echarme a reir y pagar el mísero dólar. Total, seguro lo gastaría en dulces o alcohol, en una próxima ocasión. Al entregarme la tarjeta no sabía que escribir en ella. Así que me dirigí hacia la pared para tomar idea de los otros valientes que cayeron víctima ante la presión de la cajera. Muchas personas escribían el nombre de sus parejas, mientras que otros se hacían los más filántropos y escribían cosas como “para los niños retardados de John Petersen M.D.”. Después de pensar utilizar la oportunidad para una broma, terminé escribiendo “Carli y Deli” simplemente por el hecho de simbolizar el final de un intento nunca ejercido.

Llegue a mi casa y sucumbí ante mi establo personal y cabalgue el teclado para revisar mis correos electrónicos. Al cabo de media hora, donde la verificación de correo se convirtió en la búsqueda esporádica del desabrigo de intoxicantes amalgamas y todo a la luz de un quinqué eléctrico sonó el timbre de la puerta. Bajé las escaleras con una calma tan extraordinaria, que pareciera que recien terminaba de hacer yoga. Ahí estaba empapándose bajo el aguacero interminable. Era Delia. Con una cara de confusa que no sabía interpretar. La dejé entrar y le busque una toalla.

[Delia] – ¿Es verdad entonces?

[Carlos] – ¿Qué cosa?

[Delia] – Háblame claro. Necesito oírlo de ti.

[Carlos] – Si me explicaras lo que te sucede, quizás te podría ayudar. ¿Cual es tu rocheo loca?

De su bolso saca un papel doblado, y un poco lastimado por los golpes del agua. Casi se rompía por el doblez, pero se veía lo que era. Había tomado el papel que había puesto no hacia mucho en el 7-11.

[Carlos] – ¿De dónde?… ¿y cómo?… ¿y se puede saber que tu hacías en el seven? ¿De cuándo acá tú vives por aquí?

[Delia] – No, deja de darle vuelta al asunto y contéstame. ¿Qué significa esto? ¿Lo que todos decían era verdad? ¿Por qué no me hablas? Pensé que éramos amigos.

[Carlos] – Por eso mismo no te dije nada. Porque no podía pensar en lastimar tanto tiempo de amistad contigo. Porque no se que pensar, porque estoy confundido, porque te quiero pero a la vez no se. Y si sigo no termino.

[Delia] – ¿Qué me quieres decir con eso? ¿Qué no sabes si me quieres?

[Carlos] – Claro que te quiero zángana. Y mucho. Lo que no se es si ese afecto que siento esta direccionado a algo más allá que nuestra amistad. Y no creo que sea justo turbar mis emociones y las tuyas.

[Delia] – ¿Y acaso no se supone que ese sea mi problema? ¿Qué esa sea mi decisión? ¿Acaso tu eres un experto en lo que yo pienso? Pues déjame aclararte esa duda. No lo eres. Y no sabes lo que me endiabla tener que enterarme por terceras personas y un maldito papelito en un jodío 7-11.

[Carlos] – En mi defensa. No se suponía que te enteraras.

[Delia] – ¿Esto es un chiste para ti? ¿Yo soy un chiste para ti es? Vamos a reírnos todos. Jajajajaja.

[Carlos] – No se que decirte. – le dije cno un tono más sombrío.

[Delia] – ¿Sabes qué? No me digas nada. Y no me digas nada por buen tiempo.

Y así salió por la misma puerta que hacia minutos había entrado. Fue bastante extraño el conglomerado de sensaciones que incursaba en mi interior. Por un lado me sentía tranquilo de que todo ya estaba expuesto. Sabía que era una molestia momentánea y que se le pasaría pronto. Pero a la vez sentía esta voz interna que me decía que atacara, que ya había dejado perder muchas oportunidades. Y cual impulso de un padre empujando a su hijo en su bicicleta con rueditas auxiliares, salí por la puerta y la detuve justo antes que se montara en su auto. El agua aun caía con la fuerza de mil arandelas sobre nuestros cuerpos y alrededores. Solamente la mire, tomada de las manos con la fuerza que uno agarraría una corona de espinas.

Y antes de que ella pudiera decir las primeras sílabas de mi nombre, me aventé sobre ella. Y el golpe fue acojinado por sus dulces labios tan tiernos como las melodías del Waltz de Morning Papers de Strauss. Las gotas de lluvia que caían en el cemento de la acera y la brea de la calle formaban una orquesta sinfónica cuyas notas avispaban mi emoción. En un beso que continuó durante un largo tiempo y que incluyó un abrazo y risas granuladas por el choque de nuestros torpes dientes me sentí a gusto. Quizás más que a gusto me sentí feliz.

Había tomado control de mi vida. Había tomado el toro por los cuernos y esta vez no se escaparía. ¿Qué sí será o no será lo que buscaba? Eso no lo puedo determinar ahora. Será el tiempo quien se encargue de decirnos. Por ahora, viviré mi felicidad, y no hay nada mejor que disfrutar de ser feliz, con alguien que es feliz a tu lado. Sin miedos de daños a terceros porque estos ya no están a nuestro alrededor para sentirse afectados. O acaso de eso no es que se trata todo este embrollo diario del cual nos hacemos los que no sabemos la razón principal. Yo creo que si sabemos, pero nos gusta hacernos los tontos. Nada que sea fácil, vale la pena hacerlo, ya que en los retos esta la verdadera prueba de ser feliz.

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