El empresario puertorriqueño, en su vasta mayoría, es y será siempre ante mis ojos un mediocre, un negrero, un chapucero y un pesetero.  Ya, me lo tenía que sacar del sistema antes de atentar ser imparcial en el siguiente escrito.  La realidad es que esta mierda a la que nos tienen acostumbrados de que “Si es del país hay que apoyarlo porque sí” honestamente apesta.  Por nariz, ojo y boca nos hacen entender que hay que apoyar a los negocios del país (já, me sigue matando cada vez que digo eso) para ayudar la economía local.

Yo pregunto, ¿Qué hace el comerciante/empresario local para incentivar que se le auspicie? O peor aún, que hace el empresario local para que sus empleados se sientan apreciados, necesitados y sobretodo, interesados por trabajar ahí.  La respuesta es sencilla. Nada.  Acuérdense que estoy estereotipando, y aquel llorón que sienta la necesidad de verse ofendido, mi email está ahí al lado para quejarse.  Y es obvio que algunos hacen su trabajo decentemente, de lo contrario hace rato la diferencia entre Haití y Puerto Rico sería solo el idioma.  Pero siendo empleado de esa economía por gran parte de esta década, antes de brincar el charco, y teniendo bastantes compañeros de quienes recibir comentarios de sus respectivos empleos y experiencias adquisitivas me considero apto para hablar del tema.

Este escrito transita dos vertientes.  La de consumidor y la de empleado.  Dos experiencias que al unirlas, muestran la razón principal de porque Puerto Rico no echa pa’lante, porque la gente sigue mudándose de la isla y porque la situación política no ayuda en lo absoluto.  Y habrán preguntas de ¿Por qué laissez-faire? La palabra viene del francés y su definición más corta “Dejar hacer” ó “poca intromisión” es en mi opinión, totalmente simbiótica con el “puej”, el “Ay es que” y mi favorito el “Bendito chico déjalo así”.  Todas estas expresiones utilizadas por empresarios y/o sus empleados representan la falta de interés en hacer bien lo que hacen.  Quizás el uso del término sea incorrecto para lo que trato de interpretar pero es que….¡puej!

Empecemos por el consumidor.  Todos sabemos que la economía de la isla está basada ante los ojos del pueblo en un gran porciento por las ventas del centro de todo, Plaza Las Américas. ¿Viene un huracán? Plaza lleno.  ¿Mañana son las elecciones? Plaza lleno.  ¿La economía esta jodía y no hay chavos para comer? Plaza lleno.  Podría venir el puto fin del mundo y ese centro comercial estaría lleno y generando dinero.  Más sin embargo, con todo ese dinero que deja el consumidor ahí y en otros sitios, el servicio recibido es tan deprimente, que en ocasiones sería mejor que fuera nulo.  Los empleados se dedican a hacer lo mínimo posible, pero suficiente para que no se les considere que están vagueando.  En realidad no los puedo culpar, ya que no reciben incentivo alguno si las cosas salen bien, más sin embargo si algo sale jodido, los dedos acusatorios no tardan en llegar.  Recuerdo vagamente mi estadía en una tienda de discos donde trabajé mientras era estudiante universitario.  Era la época donde el internet comenzaba a estallar y las ventas de discos disminuían.  Sin embargo cada vez que las ventas superaban a la fecha del mismo día el año anterior, no recibíamos ni una llamada de cortesía dando las gracias por el esfuerzo.  Ahora, si las ventas se iban por debajo, más de dos días consecutivos, no solo la gerente recibía una llamada inquisitiva sino que enviaban un supervisor y empezaban a analizar porque no estábamos haciendo nuestro trabajo.  Parece que en la escuela de negocios nadie les instruyó del pequeño detalle de que si la gente no entra, uno no puede hacer el trabajo.  Si teníamos la mala suerte de tener un descuadre en la caja al final del día, todos los que trabajaron el día tenían que reponerlo, aparte de recibir miradas acusatorias cada vez que venía un supervisor.  Si llegabas cinco minutos temprano, nadie dice nada aunque lo hicieras por todo un año.  Una vez se registra un atraso de diez minutos, el empleado recibe un “aviso” y una X en la carpeta laboral.  En ocasiones lo bueno de trabajar en una tienda era que te daban algún descuento en la mercancía del lugar, más sin embargo en ese sitio donde trabajé y en otros sitios de compañeros que me han contado, al pasar los años los descuentos disminuían en lugar de aumentar por culpa de “las cosas estar mal”.  ¿Y bajo esas condiciones todavía el empresario local espera que un empleado de 101%? Que se vayan al carajo.

Y uno como consumidor llega a los establecimientos y se encuentra con baja moral, con gente sin ganas de trabajar, con malas actitudes y ¿se supone que como quiera uno auspicie eso? Muchas veces el mayor problema es que como la paga es tan miserable y las oportunidades de avance son tan minúsculas, al menos en tiendas, los que terminan trabajando ahí son personas que nada tienen en común con el producto en venta, que no tienen aspiraciones alguna y por consecuencia no saben absolutamente nada de lo que te están vendiendo.  ¿Cuántas veces no ha pasado que uno va a una ferretería y el tipo no sabe distinguir entre tipos de tornillos? ¿Quién no ha ido a una tienda de discos y el que atiende no sabe nada afuera de lo que está en el Hit Parade? Pero no, hay que apoyar a los negocios locales.  Hay que ser buenos hermanos puertorriqueños.  Si Pepe.

Volviendo al tema de empleados, ¿Qué tal los empleados de establecimientos de comida rápida? Históricamente hablando de esos trabajos, desde sus comienzos en los años cincuenta estos eran para estudiantes de escuela superior que trabajaban para sus gastos misceláneos.  Han pasado casi 60 años y esos mismos estudiantes, ya unos viejos, padres, tíos ó en ocasiones hasta abuelos, continúan trabajando detrás de las fritoleras y las cajas registradoras.  ¿Alguien me puede explicar que ganas de trabajar va a tener un hombre sesentón obligado a estar ahí porque el seguro social no le da para vivir? Encima de eso, cualquier minúsculo error tiene que recibir regaños de un adolescente saliendo de la pubertad que resulta ser su supervisor? El hombre va a trabajar lo mínimo posible para no cansarse y que no lo regañen.  Y los que pagamos somos los consumidores que tenemos que resignarnos a un servicio de baja calidad porque el puertorriqueño es demasiado vago para hacer algo por su puta vida.  Prefieren quejarse con la vecina, por teléfono con la tía en Estados Unidos que realmente hacer algo por iniciativa propia.

Algo más de lo que estoy cansado es del pequeño comerciante.  De esos que tienen su negocio propio en la sala de su casa y les gusta recibir clientes en bata y rolos.  De esos que ó hacen bizcochos, ó cuidan niños ó venden prendas ó le meten a alguna pirámide pendeja como Amway.  Este es el grupo de empresarios con más cojones.  Para empezar muchos de ellos son parte de la economía subterránea, lo que significa que cobran en efectivo y no pagan impuestos.  Para acabar de joder, son mediocres en lo que hacen, más sin embargo se dan un puesto de cuatro pares de cojones.  Dejan a los clientes esperando, no devuelven llamadas, trabajan cuando quieren, y luego tienen el descaro de quejarse cuando las cosas no les van bien, el negocio se les cae y tienen que jalar a coger cupones.  Y esos son ejemplares dignos de llamarse empresarios, con sus tarjetitas de presentación hechas en papel de fotocopiadora cortados a tijera disparejamente.

Otro problema donde el empresario se pasa de ganso es en los salarios.  La palabra favorita del dueño de negocios en la isla es “oportunidad“.  Tal parece que ellos ven el simple hecho de “obsequiar” a la persona con un trabajo bajo su manto laboral como el de darle una oportunidad de trabajo.  Una oportunidad que no tiene privilegios de exigir nada y que fácilmente puede ser otorgada al próximo que pase frente a la puerta.  Yo he tenido amigos cercanos que en revisiones salariales no de un año sino de dos y hasta tres años les niegan un aumento ó les dan un monto de como 100 dólares adicionales al año que hoy día no te da ni para llenar el tanque de una SUV un solo mes.  Otros son tan hijos de puta, que cuando la persona está trabajando por “servicios profesionales“, y luego de X cantidad de tiempo se le ocurre el descaro de pedir un aumento, simplemente dejan de llamarlo y se buscan otro que lo haga más barato todavía.  Y lo triste es que la economía esta tan mala que aparecen los vela güira que trabajan por centavería.

Irónicamente, estas mismas empresas disfrutan tanto de traer talento extranjero para cubrir plazas que empleados en Puerto Rico también podrían hacer y en muchos casos hasta mejor.  Cuantas personas no han trabajado en compañías de telecomunicaciones y ven como traen a mexicanos, americanos, europeos, suramericanos a cubrir plazas de la nada.   Simplemente porque vienen de afuera.  Si Puerto Rico tuviera un slogan este debería ser “Si es de afuera, TIENE que ser bueno”.  Un empleado cualquiera ganándose $20,000 dólares en un trabajo común y corriente, sale mejor saliendo de la isla y regresando un par de años después, mientras hace la misma mierda en los Estados Unidos y al regresar, le tiran la alfombra roja y el número sube hasta los $60,000.  Lo he visto tantas veces y es realmente deprimente como denigran y no respetan.  Ahora, para levantar la jodía banderita esa y gritar soy boricua para eso si tienen orgullo.  Las prioridades en la isla son una cosa increible.

Mira si los empresarios en la isla son maliciosos que se joden entre sí.  He sabido de empresas que envían consultores a trabajar por contrato a otras compañías y les facturan cantidades estrambóticas por un “servicio de expertos” y lo que termina allí es un pobre infeliz recién graduado de universidad, con meses buscando empleo trabajando por una duodécima parte de lo que el jefe está cobrando por su supuesta experiencia.  Y sí, estoy hablando con la voz de la experiencia.  Lo peor es cuando en esa cabronada uno es el que pierde el trabajo por quedar mal haciendo algo que no sabía hacer para empezar. 

El empresario nunca pierde.  Sea mediocre o sea negrero, siempre tira su cabronada.  Y si el lector piensa que escribo esto con coraje, la realidad es que no podría estar más cerca de la verdad.  Yo, junto con innumerables jóvenes todos los días, abandonamos la isla porque nos cansamos.  Gente con talento, gente con ideas, gente con ganas de trabajar que lamentablemente pierden las esperanzas de que el empresario puertorriqueño les provea una oportunidad legítima. Y cansados de desperdiciar sus años de producción en una mediocridad contagiosa decidimos largarnos.

Y en la otra esquina de todo este ajetreo esta el gobierno de Puerto Rico que simplemente se sienta a farandulear y ensebarse como lechones sin vara.  Nadie legisla para controlar las actitudes de estos capataces de haciendas comerciales ni para proveerle mejores salarios, condiciones de trabajo y/o beneficios marginales.  Pero que nadie se meta con su dieta y su transportación y mucho menos con su aumento automático de salario.  Me parece tan irónico que la casa de las leyes sea corrida por Jíbaros que se supone controlen a los capataces fuera de lugar en la finca empresarial y simplemente llegan a la silla y se olvidan de lo que fueron a hacer allí.  Quizás no es su culpa.  Quizás la legislatura tiene una máquina mágica que les borra la memoria, los engorda y los vuelve idiotas.  Eso es.  Y todo este tiempo yo pensando que eran simplemente unos descarados hijos de la gran puta…pero volviendo a la realidad,  lamentablemente no hay espacio para aumentarle el salario mínimo a nadie porque Jorge De Castro Font le gusta pararse en tribuna y decirle a los patos que van pal infierno porque Papa Dios así le dijo ocurriría mientras lo ponía a mamar.  Sí cristianitos; ustedes también tienen santo en esta misa.

De la forma en que trabajan la mayoría de estas “entidades” cristianas, que por aquello de hablar al unísono les llamaré “Iglesias“, es tan humillante como el resto de los negocios problemáticos.  Lo único que saben es pedir chavos y pedir chavos.  Hoy día se promocionan como cualquier McDonald y por mi madre que lo único que les falta es irse tan literal como “Paga hoy, y recibe entrada al cielo mañana“….este mis disculpas.  Quise decir “regresar a publicidad tan literal“.  Los católicos saben de lo que hablo.  ¿Y qué recibe el puertorriqueño a cambio de sermones mediocres y dejar la mitad de los chavos de gasolina en el potecito de las ofrendas? Ministros corruptos, tele-evangelistas montando parques de dinosaurio que dejan a mitad, malversación de fondos y viejos verdes que les gusta meterles las manos a niñas y niños inocentes.  Pues ojalá que Satanás les meta el tridente por donde no les da el sol.

¿Hasta cuándo? ¿Qué se necesita para que la gente diga, basta? ¿Será ya demasiado tarde para que la gente abra los ojos y se unan? Yo estoy seguro que si toda aquella persona que está siendo pasada por la piedra con sueldo mísero y abusivo dijera “mañana no trabajo” y simplemente se parara al frente de su empleo, sin piquete, sin carteles pendejos, sin rimas sin sentido y sin paralizar el tránsito, lograrían paralizar el país de una manera organizada y realmente se dejan escuchar por esas personas a las cuales les generamos dinero y a los que escogimos para que nos defiendan.  Y no solo eso, al hacerlo de manera organizada, no dudo que el resto del pueblo, se una, porque no los estan jodiendo al hacer lo suyo.

Pero quizás lo más importante de todo, es que todo aquel puertorriqueño con ánimos de tener su propio negocio entienda que un negocio no es simplemente la máquina de habichuelas para tu familia, ni la escalera para subir en la sociedad, sino que es un compromiso de servicio y calidad.  Debe entender que un empleado contento y que se sienta importante, es mucho más productivo que uno que esta buscando trabajo en otro sitio desde que comienza a trabajar con uno.  Que un consumidor satisfecho se encargará de regar por todo lo alto la buena impresión del establecimiento mientras que uno molesto hará hasta lo imposible para que nadie visite el lugar.  Es importante entender que comprar los materiales más baratos y no dedicarle espacio al crecimiento del negocio siempre va a terminar saliendo más caro.  Ustedes saben, esas gotitas del saber que nuestros abuelos llamaban “Sentido Común” y ahora son “Artículos De Colección“.  Es de esta manera, abandonando la actitud Laissez-Faire que por tanto tiempo ha caracterizado al empresario local, que Puerto Rico podrá tener una leve esperanza de mantener al talento que en el mañana les va a pagar el seguro social, jodios cabrones malagradecidos.