¿Qué es más importante, el pasado o el futuro? Dependiendo a quien uno le dirija esa pregunta, la respuesta puede variar. Hay quienes se enfocan en el futuro citando que no se puede vivir de lo que ya ha pasado y tenemos que seguir mirando hacia delante siempre. Tiene su lógica. Sin embargo, hay quienes contestarían que el pasado es indispensable porque sin él no podemos aprender de los errores y caeríamos en un círculo vicioso y repetitivo, además de perder nuestra identidad e historia.

Ambos puntos tienen validez ante mis ojos y los de muchas personas. El problema está en que ambos grupos no entienden que la clave está en el balance (sí, eso que hace que no te caigas de un lado o del otro) y no en la fuerza dominante de una sobre la otra.

En Puerto Rico, tenemos una historia tan variada y mezclada que no en balde uno de los platos favoritos locales es el sancocho. Historia de indígenas, esclavos y blancos, mezclada con americanos y con todo lo otro que pudo haber llegado sin formar parte de un gran grupo de estereotipos.

La realidad actual de la isla es que no cabemos, estamos acabando con los recursos naturales y hay que estar inventándose alternativas que, aunque han tomado su tiempo, parecieran llevadas a cabo por un niño con síndrome de déficit de atención porque realmente no le prestan atención a los detalles. Debido a la abrumadora pesquisa ambiental que llevamos en contra de la naturaleza, la construcción de puentes, autopistas, embalses, represas, etc. se ha vuelto en una necesidad para poder manejarnos siendo lo menos animales posible (sí, porque los bestias nunca faltarán). Los embotellamientos vehiculares en aumento hacen que el Departamento de Transportación y Obras Públicas cague pelos y deje los almuerzos de tres horas para ver qué se inventan y ponerle una curita a la situación hasta que venga el próximo cuatrienio y otro pendejo bregue con el peo. Lo mismo se puede decir de los departamentos de Recursos Naturales, Acueductos y Electricidad, pero no vamos a entrar en irresponsabilidad e incompetencia. Eso esta bueno para otro tema que empiece con la A de Aníbal y termine con la Z del Zorro viejo de Rosselló.

A lo largo de mi vida, en gran porcentaje de las construcciones desarrolladas en la isla, estas siempre se han tenido que paralizar por el hallazgo de alguna piedrita, punta de lanza y/o esqueleto de algún indígena que hace muchos años estiró la pata en ese lugar. Y la verdad es que no falla. No hacen más que decir “en este lugar vamos a poner un elevado, un puente, un muro” y a la primera paleada encuentran restos indígenas. La obra se tiene que paralizar indefinidamente, hay que mandar hallazgos a Estados Unidos, esperar resultados, buscar que no haya algo más en las cercanías, para entonces considerar si se debe seguir el proyecto, que a lo largo de la espera ha aumentado de precio, el cual nosotros tenemos que pagar (o mejor dicho ustedes porque yo ya no vivo ahí).

Miren, yo sí estoy orgulloso de mi isla, y el patrimonio “estatal-asociado” (si porque no somos nación, así que dejen de usar la palabrita esa, soñadores) que nos otorgan estos hallazgos me emociona bastante. Es información adicional sobre nuestra historia y los comienzos de aquellos residentes que un día en presencia de un milagro se dieron cuenta que fue más que otra cosa una maldición y el comienzo de su fin. Pero, si cada vez que encontramos un huesito, tenemos que perder tanto de inversión que es para nuestro futuro, entonces el pasado lo que nos está haciendo es jodernos la existencia.

El más reciente caso es el hallazgo en Ponce. Varias fases de construcción, cerca de 250 millones de inversión en un nuevo embalse que ayudaría a la zona sur que tan necesitada está de agua en la época de sequía (casi todo el año) y todo ahora tiene que quedarse en un “hiato” porque se encontró una aldea completa. Me cago en la madre de Yukiyú. Y luego dicen que el dinero se pierde solamente por corrupción. En lo que esto se resuelve, puede haber un cambio de administración y el proyecto engavetarse indefinidamente. En el día de hoy informaron que el gobierno tiene tres meses para decidir que hacer con los hallazgos, pero con lo audaz y rápida que es esta administración no me sorprendería que se vayan de tres meses en tres meses pidiendo extensiones porque no hay quien tome la decisión.

Antes de que me insulten por poco patriota y se les enrede el taparrabo, no estoy diciendo que deben continuar de inmediato y que se joda lo que se encontró. Pero sí estoy diciendo que este tipo de situaciones se debe evitar si es que son tan comunes. Si este es un proyecto de tantas fases, tantos meses y tanto dinero, ¿por qué no hacen pruebas en las distintas áreas de construcción para evitar que la obra sea paralizada? No, pero eso sería ser demasiado sensato. También se podría considerar la movilización de los hallazgos a algún parque existente o la creación de otro en las cercanías del embalse. No creo que ningún indio se moleste por moverle la tumba, si a los familiares difuntos de uno no le molesta cuando los cambia.

Así que a resumidas cuentas, de lo que estamos hablando es de una isla metida en déficit hasta el cuello, con problemas de disponibilidad de agua potable, sobretodo en la región sur, que tiene unas prioridades que seguir y descubrimientos arqueológicos van por encima de la salubridad.

Yo entiendo que como sociedad estamos perdidos. Que no sabemos que somos, ni hacia donde vamos, pero un par de huesos más, un par de huesos menos no nos van a direccionar en mejor ruta hacia el futuro. Y si vamos por esta línea, ¿cuándo fue la última ve que tú, lector, fuiste a algún parque ceremonial indígena? ¿Y cuándo fue la última vez que aportaste alguna contribución para que este se mantenga abierto? ¿Cuántas personas irían a este nuevo parque, si se convirtiera en uno? Sí, luego de la fiebre de las primeras dos semanas. Queremos la chuleta, pero que no nos maten la vaca y no, no voy para el establo a asegurarme. En otras palabras, queremos el agua ahora, pero no nos tumbes el parque que no visitaremos.

El proyecto seguramente se podrá canalizar para moverlo hacia algún lado permitiendo la existencia de este sagrado parque. Y tendrá un costo seguramente del doble del precio inicial. Y otros proyectos se seguirán construyendo alrededor de la isla, y sus costo se duplicarán y se triplicarán a consecuencia del hallazgo de algún posible diente molar puesto debajo de la almohada hecha de hojas de plátano por algún niño indígena que se la dejaba a su hada madrina para que le trajera buena cosecha ese año a su papá. Hoy día un niño tiene suerte si le deja medio peso en plena recesión.

Si lo que queremos es tenerlo todo, como siempre, ¿por qué no dejar el parque elevado? Los alrededores se bajan unos cuantos metros, dejando un terreno en forma de isla, rodeando así de agua los hallazgos indígenas y así se podría obligar a la gente pagar grandes cantidades de dinero para visitar tal lugar que en realidad no tiene nada de especial. Y los visitantes podrían ver como pasaban el rato los habitantes del lugar que vivían como animales, y al regresar a su lugar de procedencia contar sus anécdotas de cómo visitaron un lugar prácticamente prehistórico y lleno de muertos. Y difícilmente podrían olvidar su frase “el parque indígena lo hace mejor”. Es el mejor formato que se podría utilizar para el parque. ¿Y lo mejor de todo?

Todos sabemos que ya esa táctica funciona. ¿O acaso Puerto Rico no lo hace mejor?