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¿Soy yo, o la policía de Puerto Rico está pasando por una situación que, aparte de espeluznante para los civiles que requerimos de su seguridad, es totalmente ridícula?

Quizás no debemos culpar solamente a la policía. Este tipo de ocurrencias no suceden así, de momento, como los romances en la isla (y mira que esos sí suceden todos los días). En estos momentos que los medios están prestando tanta atención a las barrabasadas azules, no es difícil cuestionarse si simplemente siempre han estado ahí y la cobertura de los medios es influenciada políticamente por los magnates monopolísticos de la isla en sus intentos por mantenernos en la mediocridad *cough cough estadolibrismo*.

Pero eso es tela para otro estudio. La realidad es que los locos andan sueltos en la isla y esta vez no sólo tienen armas de fuego, sino que tienen derecho a portarlas. Tienen esposas, tienen macanas, tienen biombos de colores y hasta un escudito que les eleva las botas como dos pies del piso.

Los eventos más cercanos a esta fecha son el pasado asesinato de un hombre por un policía grabado en cámara en el área de Humacao, otro incidente parecido en Cabo Rojo y el más reciente, que muestra cuan locos están estos individuos: un sargento asesina a su teniente en pleno cuartel. ¿Cuál es el chiste? Estaba a tan sólo siete meses de retirarse con treinta años en la fuerza policíaca. Ahora, insúltenme y díganme que no hay algo en el agua embotellada que está tomando esta gente. Seguramente el departamento de la policía consiguió algún especial en agua de Carraízo directa sin purificar y el efecto secundario es este: ser un idiota.

Yo entiendo que las cosas en la isla están malas. No en balde ya no vivo ahí. La economía es un desastre; los trabajos ya no van al candidato más profesional, sino que buscan al que lo haga por el precio más barato (irónico lo que se supone hagan en gobierno con las subastas y no hacen); la educación da risa; el sistema de salud es denigrante; y la seguridad es inexistente.

Una persona que me diga que un policía entra a la fuerza porque quiere ayudar es tan gracioso como escuchar a alguien decir que los médicos hoy día son fieles al código de Hipócrates y lo que quieren es sanar al enfermo, y que los abogados quieren defender al inocente y los ingenieros quieren construir un futuro. La gente hoy día, dentro de su marco social, busca el peso y la estabilidad económica dentro de lo que sus habilidades/estudios permiten. El amor a la profesión murió hace algún tiempo atrás. Lamentablemente esto de la globalización le ha convertido en un privilegio muchas veces inalcanzable.

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A veces yo me pregunto qué es lo que realmente se necesita para ser policía. Conozco de gente brillante que no pasa el examen y luego ves personas (como el perro con rabia ese que mató al hombre en Humacao) y uno se pregunta: ¿qué busca este departamento gubernamental? ¿Defensores de las leyes o perros rabiosos? Porque mira que hay una de tipos que no saben hablar, no saben escribir, no tienen tacto y con todo eso yo puedo bregar. O sea, ese no es el problema de la policía (porque de igual manera he visto presidentes de compañías que no saben hablar, escribir y mucho menos tienen tacto con sus empleados y clientes). El verdadero problema es el síndrome de superioridad que de momento algunos de estos oficiales adquieren, lo que les hace sentirse por encima de la misma ley.

Véase el ejemplo de los oficiales que detuvieron en Mayagüez, quienes para hacer sus casos tenían que plantar evidencia. Y yo puedo entender la frustración de no poder atrapar a alguien que saben es culpable… pero maricón, tu se supone defiendas la ley, no que te vayas por encima. Si un civil hace eso se entiende… está mal, pero se entiende… debe afrontar las leyes, pero se entiende. Un guardia no puede hacer eso.

Y este es el momento donde me tocaría decir “pero no todos son así”. Hay policías buenos. Hay muchos que les gusta su trabajo. Y por ahí sucesivamente. Pero me parece inconsecuente. Es obvio que hay policías que llevan desde un par de años hasta casi toda su vida en la fuerza, con sus archivos limpios, con una opinión pública impecable..

Pero este llamado es como los zapatos. No a todo el mundo le sirve, así que en ese caso no te lo pongas. Y se cae de la mata la de policías buenazos, íntegros, responsables, educados, sinceros, amigables y estudiosos de la ley que hay en la armada. Así que, antes de que comiencen a armarse de insultos por estar estereotipando a los duendes azules, lean. (Sí, sé que es un concepto nuevo dentro del campo de la crítica, pero créanme, da resultados.)

Este escrito es para llamar la atención de la escoria que esta siendo inscrita a la fuerza a través de los años, que sabiendo los riesgos, sabiendo la paga, sabiendo todo lo que conlleva, como quiera se adscriben y crean caos, rompen las reglas, se creen paladines justicieros con macana en mano, y en ocasiones hasta negocean con líderes del bajo mundo para protegerles la transportación de sus mercancías ilegales. Esa es la imagen que tiene la fuerza policial ante el público puertorriqueño. Una imagen sucia que no se puede limpiar pasándole un pañito y ya. Se requieren muchas cosas para devolvernos la confianza.

Entre ellas, que los superintendentes tengan dos dedos de frente y no tengan afiliaciones políticas. Que un policía que sea filmado cometiendo un crimen no reciba una palmada en la mano y sea enviado a su casa con un grillete en lo que se resuelve el meollo; que hagan ejemplos de ellos ya que son las figuras representativas de la ley. Que por amor a dios apaguen las luces de las patrullas a menos que estén en una persecución o estén deteniendo a alguien (todos sabemos que son policías; parecen unos ridículos acomplejados con necesidad de atención al tener eso encendido todo el tiempo). Ah, y otra cosa… si realmente no hay una emergencia, no se coman la luz, el pare, se estacionen en espacios de impedidos, ni se quieran colar en las filas. Eso hace que la gente les pierda aún más el respeto.

Por último, y en una giro de perspectiva de ciento ochenta grados, me parece indignante que esta gente ponga su vida en la línea y la diferencia entre lo que cobran ellos y una persona que trabaja en Burger King con varios turnos extras sea casi invisible. Y yo creo que, junto con el examen de admisión, aquí recae parte del problema y la frustración. Un policía bien pagado es un policía menos que está haciendo conexiones con el bajo mundo para mantener a su familia. Un policía con educación es un policía menos que comete barrabasadas en la calle. Y un policía con salud mental es un policía menos que comete agresiones contra su persona o la sociedad.

Y esa debería ser la visión de la fuerza armada y no armar a la fuerza la visión.