Hace casi un año atras escribí sobre como Wal Mart es un mal que nos persigue y no nos damos cuenta. Hable sobre como se van apoderando del mundo ante nuestros ojos, destruyendo al pequeño comerciante, destruyendo los sueños de tener un negocio propio y manipulando lo que se vende y lo que no. El apadrinaje de esta super potencia es esencial para la supervivencia de cualquier cosa de esas que compramos sin realmente necesitar.

Una película salio a la calle que presentaba todas las cosas que suceden a consecuencia del auspicio del consumidor de esta super cadena. Con lujo de detalles describian el proceso de compra, de construccion, de manipulación de las leyes, y de como las personas después de tanto pelear, se rendían y eran sodimizadas hipoteticamente por un gran pulpo con enormes tentáculos.

La primera vez que hable de esto vivia en una isla donde los efectos de este monstruo, aun cuando tenia varias localidades presentes, no eran tan obvios. Quizás por la cultura del lugar, quizás por la manera en que funcionan las cosas allí (no funcionan), quizás por una milésima de factores que no vienen al caso, pero la realidad es que de lo que hablaba esta película y los críticos de la tiendita de Sam, no se podia ver.

Desde hace poco ya no vivo en esa isla. Me mudé, cambié, crecí y sigo creciendo de mil maneras que no necesariamente tienen que ver con la edad. En una parada que tuve, me detuve en un Wal-Mart, de un poblado bastante adentro en el lugar que vivo. No diria que eran Rednecks, pero lo más cercano. Desde que me baje del carro me sentía raro. El ambiente era frío y mecanizado. No sentia la misma algarabía que en los de la isla. Por primera vez estaba observando de primeras manos lo que hablaba la película.

Al entrar, las caras de los empleados lo decían todo. Un pesar eterno, una astilla en el alma que les impedía sonreir como les exige el trabajo. Caminaban de manera lenta con sus chalecos azules que dicen en letras grandes “Podemos Ayudarle?”. Eran como zombis, que de manera mecanizada se mueven, sin saber porque lo hacen. A parte de eso, la maldita carita amarilla por todos lados anunciando el decenso del precio en algún objeto frívolo y del cual no necesitamos para subsistir pero de igual manera ambicionamos. Las familias arrastrando el carrito rojo que hacia contraste con el azul de la tienda, buscando cosas para comprar. Madres y padres, cabezas de familia, sacando dólares y menudo al frente de la gente en plenos pasillos, para ver si les daba para comprar un par de cajas de cereales, pañales para niños, una toalla y algún chicle. En esta ocasión la madre dejó el chicle porque no le daba para comprarle.

Sentía como si me robaran el espíritu nada más que por estar allí parado observando eso. Como si ese no fuera mi lugar. Aparte de eso, pude observar como hasta en una tienda como esta se segregaban los empleados. la invasión latina a esta nación ha incrementado a tal grado que ni la basura blanca de esta raza puede obtener estos trabajos porque los latinos lo hacen por menos. Se quejan igual, pero lo hacen de todas manera. Y los que si lograban trabajar en conjunto, se mantenían alejados entre sí, o actuaban de manera superior entre sí. Eso si fue gracioso. Un empleado de piso de Wal-Mart sentirse superior a otro pobre muerto de hambre solo porque su piel es más clara. Increible que todavia esto suceda.

Sali de la tienda lo más rápido que pude y me monté en el carro sin mirar atrás. El problema esta en que es imposible mudarse a un lugar nuevo y no comprar en Wal-Mart. Esta en todos lados, los precios son baratos, y los pequeños establecimientos ya casi ni existen, y si existen son difíciles de encontrar, separados entre sí y dificultan a una persona nueva, vieja, rica, pobre o simplemente vaga.

No pretendo decir que se puede ganar esta batalla. Wal-Mart no será el Anticristo, pero si es una herramienta de control, junto con otras entidades comerciales. El futuro quizás no sea uno donde nos rodee el fuego, las cenizas y el dolor, pero si el de la mecanización, mediocridad y los patrones repetitivos. Con el crecimiento de empresas como estas a través del mundo entero, nos dirigimos a una globalización, podemos decir nueva, o podemos decir de condiciones precarias para los que estan acostumbrados a la comodidad actual.

La inspiración para seguir viviendo, debe existir, y esta en nosotros encontrarla. Sea en nuestras familias, sea en nuestros acciones o sea en nuestras metas. Este escrito no pretende ni desanimar ni incentivar a nadie. Este escrito es simplemente la culminación de una idea que empezó hace un año y no es hasta hoy que puedo entender lo que yo mismo predicaba.